El autoempleo como alternativa laboral
Tomás Cruz Michina (Universidad de Sevilla)

 


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En esta situación, está tomando fuerza la creación de pequeñas empresas y el autoempleo como vía de generación de riqueza, de hecho como indica Henríquez (1996), la actual situación del mercado de trabajo ha generado un aumento porcentual de las empresas de un solo trabajador.

Este mismo autor, considera que hay una gran necesidad de disminuir la valorización que tiene el trabajo por cuenta ajena, fomentando los puestos de trabajo por cuenta propia y para ello, propone una serie de vías como son:

§   Desarrollar nuevas iniciativas empresariales.

§   Fomentar el entorno económico-administrativo favorable a la asunción de riesgos y a la cultura emprendedora.

§   Transmitir a la sociedad la preocupación por el problema del paro y acercarnos a los segmentos de la población más afectados por el mismo, como puedan ser los jóvenes.

En consonancia con todo ello, desde hace algún tiempo se le está dando mucha importancia desde las distintas administraciones (Comunitarias, Estatales, Autonómicas), al autoempleo como alternativa real al desempleo, por lo que se han puesto en marcha diferentes medidas de fomento del mismo mediante acciones de formación, asesoramiento, financiación y apoyo.

Ya en 1993, la Comisión Europea en el Libro Blanco “Crecimiento, Competitividad y Empleo” destacaba la importancia del fomento de la pequeña y mediana empresa en la lucha contra el desempleo. En este sentido, como bien contempla Jabonero (1994), las políticas comunitarias están orientadas al apoyo de jóvenes emprendedores mediante la inclusión de programas formativos y otro tipo de medidas, como la creación de “hoteles de empresas”, premios a las iniciativas de autoempleo, crédito económico a bajo interés y reducciones de impuestos, entre otras.

Por otra parte, en nuestro país se sigue las directrices trazadas en Luxemburgo que están basadas en dos pilares estratégicos:

1º. Mejorar la capacidad de inserción profesional.

2º. Desarrollar el espíritu de empresa. En líneas generales, se pretende mejorar la orientación profesional, la formación y establecer canales de comunicación reales entre desempleados y mercado de trabajo (Martínez Martín, 2000:83).

A nivel autonómico los distintos gobiernos regionales han establecido, teniendo en cuenta las acciones tomadas tanto a nivel europeo como nacional, diferentes medidas de apoyo a los emprendedores dentro de sus comunidades.

Realmente, pueden existir muchas razones por las cuales una persona no se decida a poner en marcha un proyecto empresarial, para Barros Puga (1998), entre los principales motivos están el absoluto desconocimiento de los trámites que hacen falta para establecer un negocio, la falta de recursos económicos,... etc.

Por ello es necesario que estas medidas se vean acompañadas de campañas de información para conseguir que las mismas sean efectivas, ya que en numerosas ocasiones, los jóvenes emprendedores no son conocedores de toda las posibilidades formativas a las que pueden acceder o que como indica Henríquez (1996), debido a los problemas de descoordinación y desorganización en muchos casos pierdan eficacia. En concreto este autor señala que entre un 10 y un 30 por 100 de las ayudas no se conceden porque no son solicitadas.

Los jóvenes emprendedores deben ser conocedores de que determinada labores de su actividad empresarial pueden entra de lleno en el campo de lo subvencionable, y que puedan convertirse en una buena forma de conseguir recursos para su negocio.

A pesar de todas estas iniciativas, en nuestro país no existe tradición de apoyo al autoempleo, es más, aún en nuestros días los jóvenes emprendedores se encuentran con numerosas trabas tanto administrativas (trámites interminables, dificultades de financiación,... etc.) como sociales (cultura desmotivadora del carácter emprendedor, falta de reconocimiento,... etc.).

Para potenciar el denominado espíritu de empresa se utilizan como indica García Jiménez (2000) principalmente dos tipos de estrategias. Una de ellas es facilitar la creación y gestión de empresas mediante el fomento del trabajo por cuenta propia y la creación de pequeñas empresas de trabajadores, mientras la segunda contempla el aprovechamiento de las oportunidades para crear puestos de trabajo que ofrecen las nuevas tecnologías, la innovación y los nuevos yacimientos de empleo a través de empresas de Economía Social.


En nuestra opinión la creación de pequeñas empresas es una vía de generación de riqueza y empleo, y aún siendo conscientes que se deben asumir importantes riesgos, existen personas que se lanzan a la aventura, es más, podemos afirmar que muchos países están siendo impulsados por estos jóvenes emprendedores y sus pequeñas empresas. Incluimos a continuación algunas de las razones que justifican la importancia las mismas:

Cuadro nº 1: Importancia de la Economía Social.

La nueva economía y su incidencia en la organización de las empresas, como indica Grau (2002), ha potenciado la externalización tanto de ciertos procesos de producción como la prestación de algunos servicios que anteriormente se realizaban con recursos de la propia empresa. Esta situación está potenciando la creación de pequeñas empresas con una gran incidencia positiva en el empleo.

Pero no toda iniciativa empresarial, aunque sea de pequeña dimensión, puede ser considerada como autoempleo, por ello, para aclarar este concepto incluimos la definición de (García Jiménez, 2002: 19), que lo considera como:

La puesta en marcha de una actividad económica, por una o varias personas, con el objeto fundamental de conseguir con ello una ocupación o puesto de trabajo, siendo precisamente el trabajo su principal aportación e interés en la empresa”.

A partir de esta definición, podemos establece una clasificación del autoempleo dependiendo del número de participantes en la actividad productiva.

·   Autoempleo individual: es la puesta en marcha de una actividad productiva o profesional, por parte de una persona (emprendedor).

Como señala Paniagua (2002), los trabajadores autoempleados formarían parte en un sentido estricto, de aquellos trabajadores que desarrollan su actividad bajo los parámetros habituales del empleo autónomo, es decir, trabajo independiente y no remunerado salarialmente. Este tipo de trabajadores organizan por si mismo su actividad profesional y no están sujetos, bajo ninguna forma, a las pauta de otras personas.

·   Autoempleo colectivo: es la puesta en marcha de una actividad productiva por parte de varias personas, generalmente a través de la creación de una sociedad. El tipo de sociedad elegido dependerá de las condiciones de los emprendedores, de su disponibilidad económica, así como de las características de la propia actividad.

Este tipo de asociaciones, como apunta García Jiménez, (2002), son iniciativas empresariales puestas en marcha y gestionada por trabajadores, donde ellos son los responsables de la actividad productiva y el mantenimiento de los puestos de trabajo es su objetivo estratégico, que al no tener un interés principalmente especulativo o de capital y estar orientada a la satisfacción de las necesidades de trabajo de sus socios, a la participación, con la supremacía del trabajo frente a cualquier otro factor de producción, y al solidaridad, se suele situar dentro del concepto de Economía Social.

Hasta ahora, hemos hecho referencia al autoempleo como alternativa a los graves problemas de inserción laboral que sufre nuestra sociedad, pero también podemos hacer referencia al mismo, como respuesta a la necesidad que tienen muchas personas de trabajar por sí mismos, de ser sus propios jefes, es decir, son personas con espíritu emprendedor. Por ello, y de acuerdo con Henríquez (1996), al autoempleo se puede acceder por dos motivos:

§   Por el espíritu emprendedor de la persona.

§   Por la necesidad de un empleo que al no conseguirse, trata de crearse.

Todas estas actividades de autoempleo juvenil tanto (individuales como colectivas) se encuentran con diferentes dificultades. Entre todas ellas, la OIT (2001), establece dos problemas como fundamentales:

§   Primero, que el trabajo independiente y los microemprendimientos son muy sensibles a los ciclos económicos. En la medida que se trata de modalidades de empleo fuertemente asociadas a la informalidad, durante la fase de expansión ellas contribuyen a sostener el nivel de empleo, compensando la debilidad de la demanda de trabajo del sector formal. Sin embargo, también contribuyen a expandir el desempleo durante la fase de recesión.

§   Y en segundo lugar, que aunque un cierto número de casos de trabajo independiente pueden estar asociados a actividades de alta productividad y buenos niveles de ingresos, por norma general se trata de actividades de media o baja productividad.

Una vez nos hemos acercado al concepto de autoempleo, vamos a continuación a aproximarnos en el perfil que presentan esas personas capaces de arriesgarse y crear su propia empresa.

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